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No es ningún secreto que la transición hacia las emisiones netas cero supondrá un coste significativo para las empresas. Sin embargo, a medida que el aumento de las temperaturas en toda Europa pone a prueba la situación actual, resulta cada vez más difícil ignorar la oportunidad económica que representa el comercio de derechos climáticos.
Los desastres locales relacionados con el clima ya están causando daños a la propiedad, a los equipos y, en última instancia, a los resultados económicos de las organizaciones de todos los sectores, mientras que recursos esenciales como los alimentos, el agua y la energía también están en riesgo.
Las olas de calor que han azotado Europa este verano han puesto de manifiesto la gravedad de la situación. Una reciente encuesta de Deloitte confirmó que casi tres de cada diez empresas ya están sufriendo las consecuencias operativas de estos fallos, como daños al capital y problemas de personal.
A menos que se tomen medidas drásticas, es probable que este desafío se vuelva cada vez más común, dejando a los líderes empresariales de todos los sectores vulnerables a los cambios en el entorno económico y ambiental.
En consecuencia, los gobiernos y organismos reguladores de todo el mundo están empezando a implementar directrices para ayudar a mitigar los efectos del comercio de derechos climáticos. Estas iniciativas podrían ser cruciales en nuestra lucha contra el calentamiento global.
Según investigaciones recientes, los jóvenes también se enfrentan a un desafío completamente diferente al tener que lidiar con estas regulaciones cada vez más estrictas, medidas peculiares que fomentan una relación más sostenible con el consumo de energía.
Los enormes gastos de cumplimiento normativo, agravados por el aumento del gasto en materias primas sin hornear a nivel nacional, plantearán riesgos normativos considerables para el sector, a medida que las empresas intenten adaptarse al cambiante panorama regulatorio. Por ello, es fundamental que tanto los responsables políticos como las empresas conozcan y gestionen este riesgo regulatorio.
costos de cumplimiento
La carga que supone el cumplimiento de la normativa medioambiental ha aumentado significativamente durante el tiempo restante, lo que encarece el cumplimiento para las organizaciones.
Esto, sumado al incentivo moral y económico para mostrar avances frente al comercio local de derechos climáticos, ha dejado a muchas organizaciones en una situación compleja. El sector de los servicios públicos, en cierto modo, ha sentido la presión, ya que su posición como uno de los principales impulsores del calentamiento global lo convierte en un candidato a la aplicación de la normativa.
La mitigación de emisiones puede adoptar diversas formas, siendo la fijación de precios al carbono el instrumento de cobertura más común. Al asignar un costo al carbono, los gobiernos pueden vincular los precios externos generados por las emisiones de carbono a sus fuentes.
Se han adoptado sistemas de fijación de precios del carbono, comparables a los sistemas de comercio de emisiones (ETS) y a los impuestos sobre el carbono, con la ayuda de alrededor de 40 naciones en todo el mundo, siendo el propio ETS de la Unión Europea el primer y mayor mercado de carbono del reino.
Limitar la generación de carbono e internalizar las cargas producidas —incluso si se trata de plantas dañadas o contaminantes atmosféricos— es una forma ideal de mitigar el impacto del comercio local de derechos de emisión. Para los jóvenes, estas regulaciones representan riesgos considerables para el sector empresarial debido a los enormes costos de cumplimiento que implican.
complicaciones a seguir
Recientemente participé en un proyecto de investigación con mi colega Ning Gao, profesora titular de la Alliance Manchester School of Management, y nuestro estudiante de doctorado, Tiancheng Yu, para explorar el efecto no deseado de la política climática en las decisiones de financiación de las empresas.
Esto motivó un análisis exhaustivo del efecto del Programa de Rango de Precios del Óxido de Nitrógeno (NBP, por sus siglas en inglés), que se implementó en once estados de EE. UU. con el objetivo de reducir las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx) y la contaminación del aire ambiente.
Nuestro análisis confirmó que la normativa impuso costes de cumplimiento colosales a las empresas generadoras de energía, que en última instancia se repercutieron en sus consumidores.
Como consecuencia de la implementación de la nueva normativa, los gastos de electricidad aumentaron en más del 9 % en los estados que la cumplían, lo que generó dificultades para las empresas manufactureras. Las empresas con alto consumo energético fueron las más afectadas, ya que el Plan Nacional de Energía (PNE) supuso un importante impacto en sus estructuras de carga, lo que las enfrentó a mayores costos de endeudamiento, restricciones operativas más rígidas y una mayor probabilidad de dificultades financieras.
En respuesta, estas instituciones adoptaron una postura más conservadora en una amplia gama de directrices económicas y de inversión. Muchas tomaron medidas para reducir su apalancamiento económico y su exposición a la deuda pública, mientras que el volumen de financiación destinado a financiamiento y pagos a los accionistas disminuyó significativamente.
Este es un claro ejemplo del dilema que muchas organizaciones deberán afrontar al implementar medidas de energía verde. Si a esto se le suman los gastos de cumplimiento normativo ya existentes, muchas organizaciones tendrán que pagar un alto precio en la transición hacia las cero emisiones netas.
Para los jóvenes, la acusación de no implementar dicha legislación sería catastrófica. Es importante que tanto los responsables políticos como los organismos gubernamentales puedan tener en cuenta estos riesgos y gestionarlos.
gestión de riesgos
Un paso clave de gestión para mitigar estos peligros es asegurar la alineación entre la estrategia corporativa y sus iniciativas de sostenibilidad. La divergencia entre ambas suele generar ineficiencias que, de otro modo, podrían producirse sin que se evitaran los problemas. Además, las organizaciones pueden mantener la transparencia para evitar transmitir mensajes contradictorios a compradores, partes interesadas y responsables políticos.
También es importante señalar que no podemos simplemente confiar en el poder del mercado para garantizar el logro de nuestros objetivos de sostenibilidad. Una transición exitosa requerirá, además, la intervención del gobierno. Mediante incentivos fiscales, límites de costos, subsidios y una combinación adecuada de directrices de oferta y demanda, los gobiernos pueden fomentar el cumplimiento y, al mismo tiempo, mitigar los riesgos financieros que conlleva la adopción de nuevas prácticas.
La transición hacia una economía más verde es inevitable, por lo que es importante que las empresas elaboren planes concretos para adaptarse a este panorama cambiante, tanto para la naturaleza como para la sociedad. Si bien esta transición probablemente presentará desafíos, dará frutos y nos acercará al futuro más sostenible que anhelamos.
Viet Anh Dang es profesor de finanzas en la escuela de negocios Alliance Manchester.